Amo a la iglesia que enseña a servir al Cristo viviente.
Amo a la iglesia que me ayuda a mantener puro mi cuerpo y mi nombre sin reproche.
Amo a la iglesia que me enseña a distinguir el valor de la regeneración y la ventaja de ser miembro del cuerpo de Cristo.
Amo a la iglesia cuyos miembros miran únicamente a Dios para obtener conducción; que están libres para obedecer a Dios antes que a los hombres.
Amo a la iglesia que le da control absoluto de sus reuniones al Espíritu Santo, así como de las vidas de sus miembros.
Amo a la iglesia que tiene para mí un lugar en el cual puedo prepararme para servir y que me proporciona un lugar donde servir.
Amo a la iglesia que no entra en compromisos en asuntos de importancia espiritual.
Amo a la iglesia que abre sus puertas a todos los hambrientos y sedientes de Dios, que sirve a su comunidad como el faro en costa peligrosa.
Amo a la iglesia que me hace ser mejor vecino, amigo más sincero y mejor ciudadano de mi pueblo y mi país, que comparte su mensaje con los habitantes de otras naciones.
Amo a la iglesia por la cual Cristo murió.
Y debido a que amo a mi iglesia, oro porque se me permita ayudar a magnificar los principios que la rigen, y morir por ella si fuese necesario.

Anónimo